DEBATE
A los juzgados, colega Bona
JOAN FONT ROSSELLO
Tras el artículo publicado en
EL MUNDO (9-02-04) de quien fue director de Ràdio Marratxí,
Rafael Company, poco resta añadir a lo dicho ya en relación
a la miserable actuación de Carles Bona, director general de
Tecnología y Comunicación durante el Pacte de Progrés,
responsable del cerrozajo de Ràdio Marratxí y del «passa-tout»
de SomRàdio.
La clarificación de Company de las excusas vertidas por el colega
Bona en la carta de descargo que me dirige (23-01-04) pone de manifiesto
que no sólo no exageré en mi primer artículo (16-01-04)
sino que me quedé corto. Al final queda claro que Bona quiso
multar con 100 millones a Rafael Company y que sólo ante las
presiones denunciadoras de este último, Bona accedió a
rebajar la sanción al mínimo legal: 5 millones de ptas.
Queda claro también que de hacer «parts i quarts»,
Bona es un consagrado especialista pese a presentarse bajo la égida
de una salomónica ecuanimidad. «Dime de qué presumes
y te diré de qué careces», martillea el refranero.
Tampoco se sostienen por ningún lado las razones que aduce Bona
de no cerrar de inmediato SomRàdio ante la denuncia del propio
Company en junio de 2002. La primera razón de Bona es rocambolesca:
como a Radio Marratxí la cerraron más de un año
después de la denuncia de la Asociación Española
de Radios Comerciales, había que hacer lo mismo con SomRàdio.
Falso. Cuando el Govern Matas toma el poder a principios de julio de
2003, Bona no había tramitado ni el cierre de SomRàdio
ni tampoco su legalización (el Govern Matas no tiene constancia
alguna de ello) pese a haber transcurrido más de un año
de la denuncia de Company (junio 2002). Es más, lo que Bona debería
explicar de todo el «imbroglio» es por qué en julio
de 2002, una vez conocida la denuncia por todas las partes, el PSM (Educació)
y el PSOE (Innovación) se culpaban mutuamente de la situación
ilegal de SomRàdio, como daba fe ya este diario el 2 de julio
del 2002. Entonces Sampol afirmaba, «desde la dirección
general de Comunicación no ha existido voluntad política
para resolver este asunto y ahora, si no hacemos algo, nos quedaríamos
sin la única radio-fórmula que emite en catalán».
En cambio, «desde Presidencia se indicaba que si alguien ha cometido
un error con SomRàdio ha sido Educació y que legalmente
o se clausura la frecuencia o se constituye un ente público audiovisual
pero que «no caben soluciones intermedias». ¿Por
qué entonces el colega Bona se echó para atrás
y no hizo ni una cosa ni la otra, optando por la única solución
intermedia, es decir, no hacer nada? La respuesta de Bona es la de siempre:
la sempiterna hipersensibilidad progre, último bastión
al que se aferra nuestra izquierda cuando se le pone en evidencia. «Cerrar
una radio es una cosa muy seria: hay unos trabajadores detrás,
que merecen un respeto. Merecen que se agoten todas las vías,
que se busquen todas las soluciones, antes de pasar a mayores»
(Bona), pretexto que el propio Company califica de «cinismo superlativo»
y más cuando de las soluciones alternativas de las que habla
Bona nada sabían los empleados de SomRàdio cuando el pasado
verano el Govern Matas se percató de los claros indicios de prevaricación
en que se había incurrido por la pasividad de Bona.
Y ya para terminar, propongo a Rafael Company que nuestra recién
estrenada amistad epistolar no se quede ahí. Sería una
lástima no continuarla. Y que el siguiente paso en aras a afianzar
la amistad que ya nos había predestinado el colega Bona (tan
corporativista que es incapaz de concebir que uno pueda defender a un
desconocido por «ética, justicia y decencia») sea
llevarle a los juzgados.
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