Opinión
Por libre
GASPAR SABATER
Si alguien va por libre,
si no pertenece a alguna de las muchas cofradías que existen,
a lo único que se arriesga es a que cualquier día le den
hasta en el carnet de identidad. Y por supuesto que no espere luego
que nadie salga en su defensa. La libertad conlleva estos riesgos.
Se ha ordenado en Mallorca el cierre de una radio, Ràdio Marratxí,
y excepto a alguna solitaria voz que se ha atrevido a romper lanzas
en su defensa, el más espeso silencio ha envuelto el hecho. Ràdio
Marratxí no pertenecía a ninguna institución, tampoco
a grupo político, organización sindical, asociación
cultural o cualquier otro de los muchos lobbys que existen y nadie,
por tanto, pese a haber sido silenciado un medio de expresión,
ha considerado lesionados ni de lejos sus intereses. Ràdio Marratxí
era sólo una aventura, considerada, además, peligrosa
porque no se atenía a ningún esquema. Había por
tanto que acabar con Ràdio Marratxí. Y a quienes podían
hacerlo no les ha temblado la mano. Han perpetrado una doble injusticia.
De las mayores que en el campo de la comunicación se ha llevado
a cabo en años, por cierto. Pero no les importa.
De las casi cincuenta publicaciones que componen el colectivo de Premsa
Forana de Mallorca, digamos a título de ejemplo, muchas de ellas
carecen aún de cobertura legal. A nadie se le ha pasado por la
cabeza, sin embargo, antes al contrario, silenciar sus voces. Y de intentarlo
ya se encargaría su asociación y los numerosos grupos
que les dan cobertura de organizar un auténtico pandemonio en
defensa de la libertad de expresión que considerarían,
y con todo derecho, vulnerada. Este colectivo no ha expresado sin embargo
la más mínima solidaridad con Ràdio Marratxí.
Las televisiones locales, alegales todas ellas, ante el cierre de Ràdio
Marratxí han callado, seguramente por aquello de ver cortar las
barbas del vecino. La misma receta se les puede acabar aplicando a ellas
cualquier día, y no es cuestión de enemistarse con el
poder que es, en definitiva, quien corta el bacalao y además
reparte dinero. Tampoco han piulat las radios locales que están
en idéntica situación que las televisiones, es decir,
fuera de regulación, no sea que a algunos se les ocurra generalizar
la medida.
Pero mucho menos han defendido a esta pobre radio los colectivos de
profesionales de la información, que han evidenciado ser unos
corporativistas incapaces de enfrentarse a cualquier cosa que se sitúe
en las afueras del sistema. Del resto de los muchos grupos con vocación
de «protestantes a la más mínima» ya nada
cabía esperar. Su escoramiento habitual y su falta de objetividad
les impide cualquier posición ecuánime. Así las
cosas, pues, requiescat in peace Ràdio Marratxí.
sabatermestre@worldonline.es
VOLVER