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LOS PUNTOS SOBRE LAS IES - EDUARDO INDA


Malos tiempos para la libertad de expresión

Rafael Calvo Serer, el editor del por tantas razones mítico diario Madrid, firmó su sentencia de muerte la tarde de mayo del 68 en que se le pasó por la cabeza publicar un artículo que reflejaba a las mil maravillas lo que todos pensaban pero nadie se atrevía a decir: «Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle». La columna no tenía como destinatario al presidente de la República Francesa sino al hombre que detentaba el poder desde hacía 30 años en España, o sea, a un dictador llamado Francisco Franco. El búnker franquista no perdonó tamaña osadía y lo primero que hizo fue meterle 250.000 pesetas de las de entonces de multa por «un delito muy grave contra la Seguridad del Estado».


El Madrid era un cóctel de liberales, socialdemócratas, opusdeístas, disidentes y mediopensionistas. Gentes de tan distinto pelaje como Nativel Preciado, Antonio Fontán o Miguel Angel Aguilar se unieron con el más digno de los propósitos: recuperar la democracia. La dictadura no estaba dispuesta a consentir el desplante y asó a sanciones al rotativo del barrio de Salamanca. El Madrid, erre que erre, no se la envainó y continuó apostando por la libertad sin complejos. Como quiera que no podían con ellos, los Carrero Blanco y cía optaron por la tremenda: lo cerraron el 25 de noviembre de 1971 y, para que no se les ocurriese volver a las andadas, volaron (no es un eufemismo) el periódico.


Por suerte, España ya no es lo que era aunque, por desgracia, los resabios de la intolerancia no nos han abandonado. Ahora a ningún politiquillo se le pasaría por la cabeza ordenar la demolición de un periódico, una radio o una televisión, más que nada, porque visitaría la cárcel en menos de lo que canta un gallo. El Estado de Derecho, mal que bien, funciona. Los próceres de nuestros días son mucho más sibilinos y utilizan la publicidad institucional o la legalidad cual arma arrojadiza. Al que se calla, ríos de millones en anuncios, y al que canta las verdades del barquero, se le asfixia financieramente hurtándole lo que le corresponde.


Algo de esto pasa por aquí de dos años a esta parte. Nuestro diario Madrid es Radio Marratxí, cerrada a cal y canto por obra y gracia del PSM con la excusa de que emitía sin licencia. Situación en la que, por cierto, están miles de medios de comunicación en toda España, empezando por el centenar de televisiones locales alegales de Jesús Polanco. Eso de aplicar la ley a uno y hacerse el loco con los demás tiene un nombre: prevaricar. De lo nuestro, del precio que está pagando EL MUNDO/El Día de Baleares por informar en libertad, no diré nada porque ustedes ya lo saben todo.


La democracia es como el amor, algo por lo que hay que luchar todos los días. La prueba del algodón la tuvimos el martes cuando nos enteramos que Canal 4 había clausurado por decreto el entretenido Salut i Força tras un programa crítico con la consellera de Salud. ¡Qué coincidencia, no! «No muerdas la mano que te da de comer, si te metes con Aina Salom te metes conmigo!», bramó el consejero delegado de la TV, Sinto Farrús, al bueno de Joan Calafat, el nuevo mártir de la libertad de expresión en Baleares. El Govern de Progrés se ha atrevido a cerrar una radio, un programa y a asfixiar publicitariamente a un periódico siguiendo la estela de aquéllos que hoy hace 31 años dinamitaron ese proyecto de libertad llamado diario Madrid. Parafraseando al cantante Germán Coppini hay que concluir que corren malos tiempos para la libertad de expresión.


e.inda@el-mundo.es




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